EL AUTOMÓVIL asegura nuestra movilidad y es el principal modo de transporte utilizado.

Un coche tiene un periodo reducido de amortización. Su obsolescencia técnica se produce entre los 8 y 10 años. Sin embargo, mucho antes de llegar a ese punto, el diseño del automóvil se habrá pasado de moda.

Por ello, el valor residual del automóvil, el precio que posiblemente obtendremos al cambiar de vehículo, será muy bajo en relación al precio de adquisición, cuando no se encuentre próximo a cero.

Los bienes inmuebles contrastan con el bien mueble por excelencia, el coche, en la depreciación pareja, a su amortización. El suelo, el bien más inmueble entre los inmuebles, no se deprecia, su valor residual es igual a su valor inicial actualizado. Esa actualización no es otra cosa que su valor de sustitución. Este valor residual puede calcularse de varias formas, como se indica en www.climent.eu

Una construcción se deprecia a lo largo de un periodo de tiempo extremadamente largo, entre 30 y 75 años, según los casos, superando estas cifras en ocasiones. Envejecida la construcción al extremo de constituir una ruina, el suelo que ocupa permanece dispuesto a ser utilizado para soportar una nueva construcción.

A lo largo de nuestra vida, podemos poseer el mismo trozo de suelo, con su valor actualizado en cada momento. En ese tiempo, para asegurar nuestra movilidad debemos poseer un elevado número de coches, cuyo valor residual acumulado siempre tenderá a cero.

El enorme gasto provocado por los automóviles y la importancia económica de esta industria se aprecia cuando nos percatamos de que el valor de adquisición de los coches que precisa una persona a lo largo de su vida para garantizar su movilidad, actualizado, será próximo o superior al que precisa para garantizar su alojamiento mediante la propiedad de una vivienda.

Los vehículos, además, precisan de inmuebles para fabricarse, comercializarse, mantenerse, conservarse y achatarrarse: suelo industrial para las factorías, comercial para los locales de ventas, comercial e industrial para talleres, residencial o de otro tipo para aparcamientos, así como industrial para desguaces y almacenamiento de chatarra.

Todo ello, sin contar ni hablar de los costes de funcionamiento.

Sin embargo, son el icono más emblemático de nuestra sociedad, útiles ... y, sobre todo, bonitos.

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